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Los miedos de un freelance

Darse de alta como autónoma ya es en sí un acojone.

Y es que el miedo, es como la regla, no se pierde una, oye.

Y su vocecita empieza a resonar en tu cerebelo…

Y el capu*** de él consigue que te empieces a cuestionar tu propia existencia.

Una sensación que te paraliza.

Que te hace desconfiar de los demás.

Y hace que te sientas solo e indefenso.

Pero como en todos los finales de los anuncios que te he mostrado aquí, la manera de superar ese terror es lo que más miedo da: equivocándonos.

Sí, asúmelo, si te mueves te caes y si no te caes es porque estás quieto. Así que si tomas la valiente decisión de emprender, ten por seguro, que vas a equivocarte, y gracias a ello le pondrás cara a tu miedo y verás que no era tan fiero como tu mente lo pintaba y hasta te enseña grandes lecciones vitales.

Nos leemos. ¡Adiós, adiós!

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Equivocarse es de freelance. Mis 10 errores.

Aquí va mi lista de los errores que he cometido como freelance en mi primer año de experiencia:

1. No tener un contrato que me proteja

Al principio mi contrato era un formato estándar sacado de internet, en el que no había ninguna cláusula como: el cliente debía de avisarme con un mes de antelación si no quiere seguir, ni pagarme en un plazo concreto y tampoco que el contrato se renueva automáticamente si ninguna de las partes notifica lo contrario después de los primeros seis meses.

Eso lo aprendes a base de host*** y lo incluyes. Casi siempre al principio somos todos muy majos y con muchas ganas de colaborar, pero las risas desaparecen cuando te avisan un 29 de diciembre de que en enero ya no cuentan contigo, cuando tú ya tienes todo el contenido preparado.

Nota metal para mis futuros clientes, la creación del contenido no se hace de la noche a la mañana, lleva como mínimo un mes de antelación.

2. Facturar mal

Para los que somos de letras esto de hacer números es un dolor. No abriré el melón de que la enseñanza pública tiene grandes carencias a la hora de preparar a las generaciones del futuro para la vida.

Así que búscate un buen gestor. Que tenga tanta paciencia y simpatía como el mío ayuda. Y siempre antes de mandar nada que conlleve € REVISA.

3. Adelantar trabajo para no estar agobiada

Hay rachas en las que crees que no vas a poder con todo, te lo dice una persona que se casa en menos de un mes y que tiene el TOC de la planificación. Y entonces te da por adelantar trabajo para que cuando llegue ese momento tus clientes estén bien atendidos y tú puedas con todo. ¡ERROR!

A menos que hayas comentado con tus clientes que tienes idea de ponerte con el contenido de dentro de unos meses, y ellos te den el OK por escrito, no muevas un dedo.

Luego te llegan y te dicen que no quieren seguir y tú con todo el contenido hecho que no te pagan. A no ser que sea el que corresponda al de la cláusula en la que te tienen que avisar con un mes de antelación, que hemos aprendido en el error 1.

Luego están los MOROSOS que tienen para un post a parte. Pero eso ya son temas legales. Sí, hasta ahí hemos llegado. Así que lo dejamos en manos de la justicia… Porque si es por mí destaparía a la gentuza que hay en ciertos grupos de empresarios.

Solo os voy a decir dos palabras: «Modelo monitorio». Un trámite legal gratuito a disposición de todos y «fácil» de presentar junto a las pruebas correspondientes.

4. No tener todo por escrito

Que sí, que sí, que las buenas palabras están muy bien, pero todo comunicado que hagas con cualquiera de tus clientes déjalo por escrito.

«¿Es que lo hemos hablado por teléfono o en personas?» Pues luego le pasas un correo resumiéndole la conversación.

Yo no quiero tintar de malos a los clientes, esos profesionales (en mi caso) que delegan en tí, pero es mejor prevenir que curar. ¿O hace falta que te hablé de los morosos del punto anterior?

5. No pagar por las herramientas adecuadas

Cuando emprendes cada céntimo es una gota de lágrimas, sudor y sangre, y no precisamente en este orden. Pero, al igual que les hago entender a mis clientes, están los gastos y la inversión. Y pagar por una herramienta o servicio que te facilita tu día a día es una INVERSIÓN, y además inteligente.

Véase: almacenamiento en la nube, discos duros para copias de seguridad, programas de gestión del contenido y métricas, gestión de equipos…

Y aún tengo pendiente un programa de facturación y CRM. ¿Me recomendáis alguno?

Y dentro de este apartado voy a comentar que cuando te den de alta, si tienes la tarifa plana, asegúrate que te incluyen la parte proporcional del paro. A mí no me pusieron y he perdido más de un año de cotización y ya no lo puedo cambiar hasta pasados los dos primeros años… Por 7€ más al mes mira la de tiempo de paro hubiera generado los años que, por recibir una subvención, estoy obligada a estar de alta.

6. Sentir la marcha de un cliente como un divorcio

A ver, que jode, sobre todo cuando no te sobran, pues claro que sí. Creo que será una punzada en la boca del estómago que siempre aparecerá en esta situación. Pero una cosa es que te escueza un rato y otra es no dormir por clientes que, en muchos de los casos, se van porque no entienden tu trabajo y no te valoran como profesional.

¿Y qué ganas aguantándoles? Dinero. Sí, ¿Pero a qué precio? Tarde o temprano eso terminará y puede que hasta peor porque saltes cuando te dicen: «El rendimiento de tu trabajo es nulo», cuando no entiendes los datos que le pasas; o «Cámbiame eso, anda, que no te cuesta nada y quiero que se vea el producto», cuando lo que buscas es que las redes no sean un catálogo de Carrefour; y qué decir cuando te borran directamente las publicaciones que ellos no entienden; o tienes que andar justificando cada cosa que haces.

Otra cosa es que el cliente no pueda contratarte por X, pero en esas situaciones ahí estás tú como el gran profesional que eres para ofrecerle alternativas o incluso concretar una fecha para retomarlo.

Relativiza.

7. Marcarte unas metas surrealistas

Desde el principio yo tenía una obsesión: que cuando cumpliera un año y me subieran la cuota de autónomos, que luego descubrí que era de manera progresiva, ganara casi 2.000€ para que esta decisión me hubiera valido la pena.

Vamos a ver, bonita, eso está chachi, pero no has contado que hoy se te caen dos clientes y en un mes te entra otro y una mentoría que te deja a pre. De hecho, en junio en vez de tener más clientes de pronto vi que iba para atrás y con el gasto de la boda a la vuelta de la esquina… Spoiler: Drama.

Es decir, cuando emprendes hay que tener «un plan de negocios» planteado. No, no me refiero a la salida de tiesto del gobierno que ha dicho que cuando te das de alta como autónomo tienes que tener una predicción de tus ingresos. Como dice mi gran amiga Sara Santos: «En vez de darme de alta en el epígrafe de marketing hazlo en el de Televidente, por favor». La magia en Hogwarts que los nuevos freelance pa’ ellos tienen, los pobrecitos míos.

Pero en ese plan, a no ser que cuentes con recursos o una idea revolucionara, hazlo con la mente fría y los pies en la tierra. No te confundas, que al revés no suele funcionar muy bien, yo al menos con los pies fríos no pienso bien y estar boca abajo no te da una perspectiva muy realista del mundo.

8. No tener paciencia

A colación del punto anterior va la Santa Paciencia.

Si me dijeran: «¿Qué parte de tu personalidad cambiarías?» Una de las tres primeras, sin dudarlo, es la impaciencia. Lo quiero todo ya y bajo mi control. Esto se remonta a mis traumas infantiles de padres separados que hasta ese desenlace cada día era una fiesta. «Hola, mamá»… «Hola, papá».

Pero traumas a parte, soy una cagaprisas, aunque resolutiva. Unas por otras.  Pero no puedo olvidar que esto es una carrera de fondo.

Y también se puede extrapolar tus ritmos de creación. Si no los respetas tú para intentar cobrar antes, el cliente ya se creerá con la licencia de exigirte.

9. Dudar de ti

Si has tomado la valiente decisión de ser tu propio jefe/a recuerda que un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Y yo añadiría: contigo mismo.

Porque si tú te respetas tus tiempos, celebras cada logro y aprendes de todos los errores, conseguirás que los demás te respeten como el profesional que eres.

Que las mal dadas no te hagan creer que no vales para desempeñar tu trabajo. Y es lo que tiene hacer cosas, que corres el riesgo de cagarla, pero es mejor intentarlo que quedarte como mero espectador. ¿No crees?

10. No descansar

¿Los emprendedores tenemos derecho a tener vacaciones? Pues eso espero porque me voy de luna de miel durante 15 días. Pero más allá de esa experiencia extraordinaria, el cuerpo y la mente tienen que parar.

Somos profesionales, sí, mucho, pero también personas con necesidades y derechos, por mucho que el gobierno no nos ayude con ellos. Así que no te sientas mal por colgar el cartel de «Cerrado por vacaciones» porque eso no supone que seas un vago.

Piénsalo así, si hay trabajos como el de médico, político o bombero que disfrutan de un merecido descanso cuando su labor es, en muchos casos, vital, ¿por qué tú no vas a poder parar?

Ah, por cierto, esto me recuerda que este será el último post hasta octubre, cuando vuelva de Argentina, si volvemos…

Bonus 1

Hazte con otro teléfono o tarjeta para separar trabajo de vida. Yo lo aprendí a los pocos meses, cuando unos clientes me mandaban WhatsApp a las 23:00h de un viernes.

Bonus 2

Lo gratis cuesta 3.000 € de impuestos. Pide todas las ayudas que te brinden para empezar, sí, pero lee la letra pequeña que luego viene disgustos. Lo bueno es que de ese dinero yo no toqué ni un céntimo, y así pienso seguir hasta que pasen los dos años que me exigían estar de alta. Esto parece al Juego del Calamar.

Nos leemos ¡Adiós, adiós!

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Un año como autónoma y…

Ja, ja, ja, no… ¿Qué ha pasao?

Parece que fue ayer cuando estaba sentada delante de mí último jefe para despedirme: «Para rotativas, no me renueves, que me voy».

Pero resulta que ya ha pasado poquito más de un año cuando me di de alta como freelance el 14 de julio de 2021.

Una decisión difícil de tomar

Que una vez que la tomas te arrepientes muchas veces de haberlo hecho.

Pero hay algo ahí que te impide tirar la toalla y seguir intentándolo a pesar de:

– La inestabilidad del ir y venir de los clientes.

– La cuota de autónomos.

– El cierre de trimestre.

– El síndrome del impostor.

– Ser tu propio comercial.

– Que se te va el tiempo en mil cosas que no te dejan hacer tu trabajo.

– La incompatibilidad con descansos y vaciones.

– Etc.

¿Qué motivos tienes tú para seguir?

Nos leemos ¡Adiós, adiós!

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Mi experiencia como profe

Hay todo tipo de profesores. Ya sea en el colegio/instituto o en la universidad han pasado por tu vida varios prototipos de profesionales de la enseñanza.

A pesar de ser diléxica, soy una persona a la que me le gusta formarse. Aunque he de reconocer que fue en la carrera cuando empecé a disfrutar de aprender materia que me interesaba (no abriremos el melón de que ahora no me vale de nada lo invertido en 7 años de mi vida). Y con dos títulos universitarios he sigo actualizándome porque mi trabajo está en constante evolución, pero me presta hacerlo.

Pero ahora he tenido la grandísima suerte de poder ver la enseñanza desde el otro lado y estoy encantada con esta nueva faceta. Confieso que después de callar al síndrome del impostor en el que creo que no sé nada, así que de qué co** voy dando lecciones. Pues ahora que no nos escucha nadie, os puedo confesar que me está apasionando casi más que la gestión de redes sociales.

Las redes sociales es un trabajo constante y que lleva tiempo, tanto de cara a la audiencia como a ojos de mis clientes. Pero cuando doy formaciones de dos horas, incluso una mentoría personalizada, veo como la cara de los alumnos cambia (incluso con mascarilla) porque les estás abriendo los ojos a un mundo lleno de posibilidades. Te sorprendería la cantidad de cosas que conoces y crees que todo el mundo sabe, pero es canela en rama para otros.

Se puede llegar a pensar que estoy cometiendo un error explicando cómo hacer mi trabajo porque esa gente nunca me contratará.

Lo primero, esos cursos o mentorías tienen un precio. Puntual, cierto, pero si gusta seguro que vuelvo. Y lo segundo, las personas que acuden a esos cursos son autónomos o pequeños empresarios que no pueden contratar a un profesional, por lo que no son mi público objetivo desde ese prisma. Teniendo eso claro, que menos que ayudarle con lo que puedo, ¿no?

Pero lo que sí ocurre es que todos salen con una nueva percepción de mi trabajo y dando un valor a lo que hago. Y puede que ahora no, pero cuando puedan cuenten conmigo porque saben cómo trabajo y que ellos no tienen tiempo de invertir el tiempo que requiere para hacerlo bien.

Desde aquí doy gracias a mi inseparable Jesús Castrillo que me dio el pase a la Cámara de Comercio de León. Y a mi siamesa Sara de Miss Ampel con la que hemos hecho un equipo para dar formaciones a tres de marketing, redes sociales e imagen desde un prisma realista, humanizada y con estrategia.

Si ya has sido mi alumno/a te animo a hacer pública tu experiencia por las redes sociales. Y si aún no nos hemos visto las caras y no entiendes la tecnología que te rodea para ponerla a favor de tu proyecto, recuerda que ofrezco mentorías personalizadas para darte unos buenos tips en redes sociales.

Nos leemos o no vemos. ¡Adiós, adiós!

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10 lecciones que aprendí en 2021 como freelance

El último día del año es cuanto todos hacemos balance de las cosas buenas y las malas para ver si ha valido la pena. Aunque ya no podamos cambiar nada y lo malo, normalmente, pesa siempre algunos gramos más.

Así que yo en vez de poner en un lado lo bueno y lo malo de estos 365 días moviditos (dejando de un lado pandemias, Filomenas y volcanes) voy a destacar lo que he aprendido en el medio año que llevo como autónoma.

¿Qué he aprendido como emprendedoras?

Para haberme puesto por mi cuenta en pleno verano y con la pandemia aun por terminar, he de reconocer que mi emprendimiento ha empezado con buen pie.

De hecho, mucho mejor de lo que me imaginaba cuando visualizaba esta situación. A veces, este golpe de suerte, me ha «agobiado» un poco, no lo voy a negar. Por miedo a no llegar a todo. Pero la vida del autónomo es una montaña rusa y se va modulando sola.

Parece que seis meses es poco tiempo para poder sacar algo en claro, pero cuando tú te lo guisas y tú te lo comes, las lecciones calan a la primera.

Estas son algunas de las lecciones que me llevo:

1.Valora tu trabajo para que lo hagan los demás.

2.Ponte un horario.

3.No te desgastes en batallas sin sentido.

4.Conecta con emprendedores que están en tu misma sintonía.

5.Di que no, no pasa nada.

¿Qué he aprendido como social media?

Para bien o para mal, según cómo se mire, el mundo de marketing digital, en general, y el de las redes sociales, en particular, está en contante cambio y evolución. La tecnología es lo que tiene. Por lo que nunca se deja de aprender porque jamás dejan de aparecer cosas nuevas.

Pero hay lecciones, más allá de saber optimizar una aplicación, que se interiorizan cuando te dedicas profesionalmente a esto. Y desde mi experiencia, aquí os dejo algunos consejos:

1. No te enfades por las constantes actualizaciones de las aplicaciones y ponte al día para hacer grandes cosas.

2.Experimenta y prueba.

3.Acepta los cambios de última hora del cliente, aunque tengas el calendario cerrado.

4.Defiende tu estrategia con datos.

5.Empápate de la experiencia de expertos que comparten sus conocimientos.

Seguro que hay lecciones mejores e incluso más importantes, pero estas son las que han marcado este 2021, año que nunca olvidaré como el que empecé a creer en mí para hacer lo que de verdad quiero.

¡Feliz año nuevo a todos! Nos leemos en 2022, aunque acojone.